HISTORIA MUJERES LÉSBICAS

La historia de las mujeres que amaron a otras mujeres en el siglo XX español no es una línea recta. Es un relato de contrastes extremos.
Pasó de la luz deslumbrante y la libertad de los años 30 a la invisibilidad forzada y la resistencia silenciosa durante casi cuarenta años de dictadura.
Este es el viaje de aquellas que desafiaron las normas para defender su derecho a existir.
- La Segunda República (1931-1936): El estallido del «safismo» intelectual
Durante los años 30, España vivió una auténtica revolución moderna. Las mujeres LGTBIQ+ de la élite cultural no solo no se escondían, sino que lideraban el pensamiento del país. El deseo entre mujeres, conocido entonces de forma culta como «safismo», se convirtió en sinónimo de vanguardia y emancipación.
- Concha Piquer y su tema libre: Incluso la copla popular reflejó este ambiente de libertad antes de la guerra. En 1933, la mítica artista interpretó el tema clandestino Se dice (Vídeo en YouTube), una alegre composición que abordaba de forma inaudita las habladurías sobre el amor entre mujeres y criticaba el rígido control social del entorno. Era el testimonio de una realidad visible con voz propia en las calles.
- El Lyceum Club Femenino: Fundado en Madrid, este espacio fue el epicentro de las mujeres más brillantes de la época. Allí se debatía de política, arte y libertad sexual. Muchas de sus integrantes mantenían relaciones amorosas entre ellas de forma abierta en sus círculos íntimos.
- El Círculo Sáfico de Madrid: Liderado por la célebre escritora Elena Fortún, era una red de apoyo y afecto donde intelectuales como la grafóloga Matilde Ras compartían lecturas, amor y confidencias. Su correspondencia privada revela una pasión desbordante y sin complejos.
- Lucía Sánchez Saornil: Poeta ultraísta y anarquista abiertamente lesbiana. Co-fundó la organización feminista Mujeres Libres. Escribía poemas de amor explícitos hacia las mujeres. Aunque usaba un pseudónimo masculino para publicar, en el entorno político todos conocían y respetaban su identidad.
2. Victoria Kent: El amor en las altas esferas y el exilio
Victoria Kent representa la estrategia de la elegancia y la discreción institucional. Fue la primera abogada en ejercer ante un tribunal militar en el mundo y Directora General de Prisiones durante la República. Kent siempre blindó su intimidad para proteger su carrera política, pero su vida estuvo unida a mujeres extraordinarias.
Tras la Guerra Civil, Kent se exilió en Nueva York. Allí unió su vida a Louise Crane, una rica heredera, filántropa y activista estadounidense. Vivieron juntas durante casi 40 años en un espectacular piso de la Quinta Avenida, donde fundaron la influyente revista política Ibérica.
En Estados Unidos formaron un círculo íntimo con la premio Nobel chilena Gabriela Mistral y su pareja, Doris Dana. Estas cuatro mujeres crearon una red de apoyo mutuo internacional, demostrando que el lesbianismo intelectual se blindaba a través del prestigio y la independencia económica.
3. El Franquismo (1939-1975): La represión a través del borrado
La victoria de Franco en 1939 destruyó todos los avances conseguidos. Para el nuevo régimen nacionalcatólico, el ideal de mujer era la madre sumisa y esposa devota impuesta por la Sección Femenina. El lesbianismo sufrió una doble opresión: ser disidentes sexuales y ser mujeres en un sistema radicalmente patriarcal.
A diferencia de los hombres gay, las lesbianas sufrieron una represión basada en la invisibilidad impuesta:
- El mito de la «no existence»: Las leyes de la dictadura (como la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 o la Ley de Peligrosidad Social de 1970) se redactaron pensando casi exclusivamente en los hombres. Los censores ni siquiera concebían que el deseo entre mujeres fuera posible. Una mujer no tenía sexualidad propia sin un hombre.
- El castigo doméstico y médico: El castigo no era la cárcel común, sino el psiquiátrico, los conventos o los centros del Patronato de Protección a la Mujer. Si una familia descubría que su hija era lesbiana, era denunciada y recluida. Muchas sufrieron torturas médicas como el electroshock para intentar «curarlas».
4. Hackear la censura: Las canciones que metieron un «gol» al régimen
A finales de los 60 y principios de los 70, la música pop se convirtió en un caballo de Troya. Mientras el departamento de censura prohibía canciones internacionales por sospechas morales, varios artistas locales lograron colar auténticos himnos lésbicos camuflados en las radios que todo el mundo escuchaba:
- CRAG y el gran hito pop: Compuesta e interpretada por el legendario cuarteto, la bellísima balada María y Amaranta (Vídeo en YouTube) pasó a la historia como la primera canción nacional en abordar de manera directa una relación sentimental entre dos mujeres. La letra cantaba con infinita dulzura la historia de dos mujeres que compartían su amor en una habitación de sábanas blancas. ¿Cómo burló la censura? Los censores asumieron que era un tema de corte hippie sobre dos «buenas amigas» compartiendo piso. Se convirtió en un código secreto inmediato para el colectivo.
- Cecilia y la doble vida burguesa: La cantautora Evangelina Sobredo fue una maestra absoluta en el arte de esquivar la censura franquista. En su clásico Dama, Dama (Vídeo en YouTube), bajo una aparente crítica a la hipocresía de la alta sociedad española, introdujo la demoledora frase: «Puntual en el amor, dos veces por semana / exenta de complejos, con sus amigas de buena gana». Una brillantísima alusión a los romances clandestinos entre mujeres casadas de la élite.
- Vainica Doble y el doble sentido costumbrista: El icónico dúo utilizaba el folk experimental y letras repletas de metáforas cotidianas. En temas como Dos españoles, tres opiniones (Vídeo en YouTube) jugaban constantemente con dobles sentidos sobre la convivencia disidente, el rechazo absoluto al matrimonio tradicional y el amor libre. Los funcionarios del régimen, sencillamente, no tenían la agudeza intelectual para descifrar lo que estaban escuchando.
5. Las ingeniosas estrategias de supervivencia cotidiana
A pesar del miedo y de la falta de referentes públicos directos, las mujeres creadas en la diversidad inventaron tácticas audaces para amarse y protegerse mutuamente en el día a día:
- Las «tías solteronas»: La dictadura prefería mirar hacia otro lado ante dos mujeres que vivían juntas toda su vida, etiquetándolas como «dos solteronas que se hacen compañía». Muchas parejas utilizaron este prejuicio social como su mejor escudo protector. Compartían casa, economía y amor bajo la etiqueta socialmente aceptada de las tías solteras de la familia.
- Matrimonios de conveniencia: Una táctica habitual fue la alianza con hombres homosexuales. Se casaban por la Iglesia para cumplir con el expediente social y la presión familiar. Después, compartían una vivienda donde cada parte podía meter a sus verdaderas parejas sin levantar sospechas en el vecindario.
- Hacerse invisibles para sobrevivir: Fue el caso de Lucía Sánchez Saornil y su compañera América Barroso. No pudieron exiliarse y regresaron clandestinamente a Valencia. Borraron su pasado intelectual, trabajaron de forma humilde y vivieron ocultas como «amigas» en un piso hasta la muerte de Lucía en 1970. Su amor sobrevivió gracias al anonimato absoluto.
6. Los años 70: Las grietas en el muro
En el tramo final del franquismo, la resistencia empezó a salir a la superficie. En los años 70, ciudades como Barcelona y Madrid empezaron a albergar pequeñas trastiendas en librerías independientes y cafés clandestinos.
Las mujeres utilizaban la excusa de «clubs de lectura» para pasarse de mano en mano libros prohibidos, traducir manifiestos feministas extranjeros y conocer a otras mujeres. Incluso los nacientes equipos de fútbol femenino de la época se convirtieron en oasis espontáneos de libertad y socialización.
Cuando la dictadura terminó en 1975, el terreno ya estaba abonado. La llegada de la Transición y de iconos andróginos y libres no nació de la nada. Fue posible porque, durante cuarenta años de oscuridad, cientos de mujeres mantuvieron viva la llama de la diversidad en la más absoluta clandestinidad, tarareando aquellas canciones que el régimen nunca supo entender.